Hace un mes que los presos políticos han empezado a salir de prisión, pero el dolor no cesa con la puesta en libertad
Ramón Centeno está aprendiendo a dormir con los tres perros que dejó su mamá y a vivir sin ella. Salió de prisión en libertad condicional en una silla de ruedas, después de pasar más de cuatro años encerrado en una cárcel a la que entró caminando, en muletas, pero caminando. Lo detuvieron días después de hacer una entrevista. El régimen chavista lo excarceló el 14 de enero: fue uno de los primeros 24 periodistas considerados presos políticos en recuperar la libertad, en medio de esta especie de transición que se abrió en Venezuela tras la intervención militar de Estados Unidos del 3 de enero, en la que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados.
Centeno se cuenta entre las casi 400 personas que han salido de la cárcel desde el 8 de enero —según la organización Foro Penal—, dentro de un total que aún no termina de consolidarse por la aparición de nuevas listas de detenidos desconocidas hasta ahora, pero que supera las 700. La nueva ley de amnistía promete sacar a cientos de personas de las cárceles, pero su alcance aún es incierto.
“Vistan a Ramón Centeno, que le acaban de firmar su libertad”, recuerda haber escuchado a sus custodios en el Comando Antidrogas de la Guardia Nacional, a pocos metros de El Helicoide, la temida prisión de Caracas. Esa frase marcó el inicio de una vida nueva, atravesada de forma irreversible por cuatro años en una prisión que no le correspondía. En 2022, desde un televisor encendido en ese mismo lugar, había oído al fiscal Tarek William Saab implicarlo en la llamada operación Mano de hierro, junto a diputados, alcaldes y funcionarios del chavismo, un operativo presentado como una ofensiva contra mafias de drogas, contrabando y especulación. Durante todo ese tiempo también escuchó a sus carceleros decir —más de una vez— que con él se habían equivocado.






