Las pérdidas gestacionales son frecuentes, se dan en un 20% de los embarazos, pero muchas veces son silenciadas o banalizadas
Un espeso velo de silencio cubre casi todo lo que tiene que ver con los abortos espontáneos. Son situaciones relativamente frecuentes, suceden en un 15% o un 20% de los embarazos, pero se viven en soledad, sin hablarlo en voz alta. Sobre todo, las pérdidas gestacionales tempranas, que son esas que ocurren en las primeras semanas de embarazo y que acostumbran a guardarse en casa, de puertas adentro. Ese mutismo que lo impregna todo, cuentan los expertos consultados, dificulta el proceso de duelo y abona un camino hacia la desinformación, la banalización y las supersticiones, como que lo ocurrido fue cosa de “mala suerte” o “del destino”.
Pero no, el aborto espontáneo no es una mera cuestión de azar o fortuna. Hay ciencia detrás. Y explicaciones, causas, factores que influyen. Aunque no siempre se lleguen a conocer con precisión. “Un aborto no pasa porque sí. Otra cosa es que no siempre se planteen estudios diagnósticos para saber el motivo. Y de ahí salen mitos e ideas preconcebidas”, apunta Cristina Trilla, jefa de la Unidad Funcional de Pérdidas Reproductivas del Hospital Sant Pau de Barcelona. Se estima que cada año se producen 23 millones de abortos espontáneos en todo el mundo, lo que equivale a 44 pérdidas de embarazo por minuto, recuerda un estudio publicado en The Lancet en 2021.






