El ‘XV de la Rosa’ arrasa a una selección en crisis (48-7) y se confirma como el gran rival de Francia tras el fiasco de Escocia en Roma (18-15) ante una Italia que va a más
Inglaterra y Gales, la gran rivalidad del hemisferio norte, con un palmarés casi clavado —un orgullo para los segundos, con una vigésima parte de sus habitantes— es hoy un abismo. Para alegría de los ingleses, que arrollaron este sábado en Londres a su piedra en el zapato de tantos inviernos por un 48-7 que se queda corto para el despropósito galés en la primera parte. Fue, en realidad, peor que el 14-68 del año pasado en Cardiff, pues este ha llegado con las baterías llenas, en el estreno del Seis Naciones. Un torneo que Inglaterra lidera tras ese marcador holgado, empatada a puntos con Francia. Es la única aspirante real a derrocar a los galos tras el fiasco de Irlanda en París y la debacle de Escocia en Roma (18-15), derrotada por una sólida Italia que esquiva por tercer año seguido la cuchara de madera.
Gales perdió su duodécimo partido seguido en el Seis Naciones, el guion previsto para una selección en trance generacional y económico, con sus clubes en riesgo de desaparición. A Twickenham salió un equipo anárquico que cometió seis golpes de castigo en cuarto de hora. El colegiado avisó al capitán que a la siguiente mostraría la amarilla y dejaría diez minutos en inferioridad a los suyos. Ocurrió al medio minuto. Y volvió a ocurrir 40 segundos después con el propio Dewi Lake. Así que el orden inglés, con la robustez de sus delanteros y el pie quirúrgico de George Ford, bastó para romper la contienda contra dos jugadores menos.










