Begoña Fernández |
Madrid (EFE).- Pasar de grafitera a dibujante de cómic no es lo más habitual, pero es el salto que ha dado la ilustradora Carlota Juncosa (Barcelona, 1984) que relata en su última novela gráfica, ‘Malas ideas’, una historia autobiográfica donde describe un mundo de adolescentes que buscan en el grafiti urbano su identidad.
En una entrevista con EFE, Juncosa explica que su paso del grafiti al cómic fue un proceso «largo y complicado» en el que nunca pensó cuando tenía 17 años y pintaba los muros de Barcelona, y al que llegó lentamente tras transitar por varias fases: diseño gráfico, Filosofía, programadora e instructora de ‘mindfulness’, una práctica para la reducción del estrés.
Cuando tenía 22 años, Juncosa se «empachó» de los lapices y de plasmar su firma en las paredes y eso, dice, que había comenzado a perfilar «unas letras muy bonitas de muchos colores, pero con trazos muy enrevesados que gustaban a la gente aunque no entendían qué decía, y que generalmente eran palabrotas en inglés: pussy (coño), por ejemplo».
El grafiti urbano en el 2000







