Nacida y criada en San Francisco, donde aún reside, pero representante del gigante asiático, la reina del estilo libre se ha establecido como una de las deportistas mejor pagadas de la década

Cuando Eileen Gu (San Francisco, 22 años), aún torpe para sostenerse en pie, aprendió a dominar los esquís en las laderas del lago Tahoe, muros de interminables pinos donde Francis Ford Coppola brindó un hogar a la familia Corleone en El padrino II, Lindsey Vonn ya había acariciado la medalla olímpica en dos ediciones de los Juegos de invierno. Es una de las muchas paradojas que unen a dos nombres, dos inconfundibles estrellas de la nieve moderna, que, con 19 años de diferencia, confluyen desde esta semana en lo más alto de los Dolomitas italianos, sede de las vigesimoquintas Olimpiadas invernales de la historia.

Nacida y criada por su madre y su abuela en Sea Cliffs, una de las zonas residenciales más exclusivas de San Francisco, Gu creció contemplando el Golden Gate desde la mansión que su madre Yan, de origen chino, había comprado tras finalizar su maestría en bioquímica y biología molecular en la Universidad de Auburn. Sin la compañía de su padre biológico, estadounidense y del que apenas consta información oficial, Gu conoció el esquí a los tres años de edad, cuando su madre, instructora de esta disciplina, le enseñó a disfrutar deslizándose sobre el manto blanco montaña abajo.