Cada mes de enero, los gimnasios y centros deportivos se llenan de personas que buscan adquirir hábitos más saludables, que luego abandonan
Cada mes de enero, las instalaciones de gimnasios y centros deportivos se llenan repentinamente de personas que se han propuesto para el nuevo año una meta: mejorar su estado físico. “Siempre hay un repunte bastante alto en cuanto a número de socios en enero y en septiembre”, reconoce Juan Luis Muñoz, coordinador de fitness del gimnasio Body Factory de Tres Cantos (Madrid). Una situación parecida se vive en muchos centros de dietética y nutrición. “Después de Navidad, la gente viene con la sensación de cansancio, empachos, hinchazón, análisis con más asteriscos de lo normal y desorden de horarios. Y eso, unido a que enero se representa como un mes de reset, empuja a que la gente tenga unas ganas especiales de adquirir hábitos más saludables”, reflexiona Elisa Escorihuela, dietista-nutricionista en el Centro Nutt de Valencia. Pero cuando llega febrero…
Según Vanessa Fernández, doctora en Psicología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, hay varias razones que explican este interés repentino por los hábitos de vida saludables que llega de la mano de cada 1 de enero. El primero es la ya citada Navidad que, tras las comilonas, el sedentarismo y la falta de horarios, empuja de alguna manera a activarse y retomar rutinas. El segundo es que, como siempre es necesario marcarse un día D para hacer cambios en nuestra vida, el año nuevo “aparece como el día D perfecto”. Ese año nuevo, por último, según la miembro del Colegio Oficial de Psicología de Madrid, se presenta en la mente de muchas personas como una ruptura, un punto de inflexión, “cuando en realidad no deja de ser una continuidad, ya que no hay mucha diferencia entre el día 31 de diciembre y el 1 de enero”.






