La 143ª edición del clásico del hemisferio norte comprime sus cinco jornadas en seis semanas, un reto físico que beneficia ‘a priori’ a las selecciones más profundas: Francia e Inglaterra
El rugby sigue encontrando formas para endurecer su torneo más vetusto. El Seis Naciones arranca este jueves —un día atípico que se explica por no competir con la ceremonia de apertura de los Juegos de Milán— con un apretado calendario de cinco partidos en seis semanas. Esa semana de descanso perdida respecto a ediciones previas generará paralelismos con un Mundial, pero sin el consuelo de tener entre medias del menú algún partido de fogueo ante selecciones menores. Aquí cada partido es a vida o muerte. Una presión que debería ...
beneficiar a las selecciones con más fondo de armario, Inglaterra y Francia, las favoritas para jugarse el trono en su duelo de la última jornada en el Stade de France. Un capítulo muy lejano en una historia llena de trampas. La primera para los galos será recibir este jueves a una mermada Irlanda en su templo de París para empezar su defensa del título (21.10; Vamos).
Si la 143ª edición se parece a un Mundial, no son a priori buenas noticias para las selecciones pequeñas. Francia e Inglaterra tienen la densidad de jugadores de dos potencias con poderosas competiciones domésticas, por algo son las únicas del hemisferio norte que han llegado a una final planetaria. Con todo, Gales e Irlanda han logrado una consistencia admirable en el siglo XXI, hasta el punto de repartir el palmarés a partes iguales entre cuatro. Tras aspirar el año pasado a ser el primer combinado en ganar tres títulos seguidos, el XV del Trébol llega ya corto de efectivos a la línea de salida. Y el XV del Dragón, en un bache histórico, tiene bastante con intentar ganar un partido.














