Es recomendable aclarar de antemano con el grupo cómo se va a repartir la cuenta para evitar conflictos, porque tanto el que tiene menos como el que tiene más que el resto podrían sentirse excluidos de algunos planes

“Camarero, la cuenta”, pide un joven, sentado en un restaurante italiano del centro de Madrid. Le acompañan otras seis personas, que continúan con la conversación a la espera de que el trabajador les entregue la dolorosa. “Pago yo y luego arreglamos cuentas. Son 27 euros por persona”, añade otro de los chicos. Lo que pasó cuando abandonaron el local solo lo saben ellos. ¿Han pagado todos? ¿Por qué a medias? ¿Han comido todos lo mismo?

raduras-o-simple-tacaneria-como-las-apps-estan-acabando-con-la-generosidad-entre-amigos.html" data-link-track-dtm="">¿El reparto equitativo de la cuenta supondrá una disputa posterior?

A esta situación se enfrentan cada vez más grupos, y no necesariamente de amigos. “En una cena con compañeros de trabajo tuve que pagar el doble de lo que me tocaba solo por no quedar mal con los demás. No suelo prestar atención a cuánto paga cada uno, pero en esta ocasión sí que me molestó. Hay personas que cuando saben que esa cuenta va a estar dividida por igual se aprovechan y piden platos que no se comerían en una ocasión normal”, explica Lucía, de 30 años. Además de la comida, las consumiciones y los postres encarecieron la cuenta: “No soy de beber, así que pedí agua. Pero el resto pidió vino y también postre. Al final pagué casi 35 euros por un plato combinado y una botella de agua, y la cena fue en un restaurante normal”.