El 1 de febrero de 1976 el holandés portó la bandera catalana como brazalete del Barça

El 1 de febrero de 1976, el pasado domingo se cumplieron 50 años, el capitán del FC Barcelona compareció en el Camp Nou para la disputa del partido de Liga contra el Athletic Club con un brazalete en el brazo izquierdo compuesto por las cuatro barras de la bandera de Cataluña. La carga simbólica del Barça, un club catalán y entonces significadamente catalanista, adquirió una especial dimensión por la presencia de la senyera en la cinta habitualmente blanca y porque su portador era una figura universal como Johan Cruyff, decisivo para la proyección del barcelonismo y de su carta de naturaleza desde su llegada en 1974. La bandera del país como brazalete de capitán, un distintivo común de los equipos de Liga a partir de la temporada 1974-1975, pasó a ser una conquista especial de la entidad azulgrana en su lucha por recuperar la catalanidad original, una prioridad durante el mandato de Agustí Montal Costa (1969-1977).

La sorpresa fue mayúscula cuando se advirtió la senyera en el brazal de Cruyff. No hubo aviso ni mucho menos publicidad por parte del Barça. Había que actuar con mucho sigilo para sortear los controles políticos y policiales porque solo hacía dos meses que había muerto Franco. La determinación del FC Barcelona era evidente desde que los actos de su 75 aniversario se convirtieron en una de las manifestaciones más impactantes de catalanismo (1974). El Camp Nou ya había aparecido lleno de banderas catalanas que estaban prohibidas el 28 de diciembre de 1975 en un partido contra el Real Madrid. Las telas de color amarillo y rojo habían sido fabricadas a escondidas y exhibidas de manera ingeniosa por empresarios y directivos como Jacint Borras. Las consignas políticas se alternaron con los cánticos festivos por el gol a última hora de Rexach que supuso la victoria en el clásico por 2-1.