Construir una identidad ideológica por puro señalamiento de los excesos del contrario es una manera triste de dilapidar energías

No hay mayor signo de debilidad que sobrevivir por pura reacción contra tu adversario. Y desde hace algunos años, gran parte de la derecha intelectual y política en España ha hecho de esta dependencia una forma de vida. Son muchas las objeciones que pueden hacérsele al actual Gobierno, pero el disenso legítimo puede acabar provocando atrofias cuando el combate con tu adversario se convierte en una suerte de trauma.

ua-por-valencia.html" data-link-track-dtm="">El antisanchismo es, sin duda, una posición política provista de razones. Pero corre el riesgo de transformarse en una obsesión invalidante capaz de arrasar cabezas que en otro tiempo fueron creativas.

Buena parte de la inteligencia liberal o conservadora lleva demasiado tiempo ejerciendo una crítica permanente que ha mermado su fecundidad ideológica. Todo es anti algo, contra algo y siempre tarde. Un ejemplo paradigmático es la obsesiva y somnolienta oposición a lo woke, elevada hoy a la condición de industria canalla. Caben pocas dudas de que la corrección política ha alcanzado niveles ridículos que merecen ser cuestionados, pero construir una identidad ideológica por puro señalamiento de los excesos del contrario es una manera triste de dilapidar energías vitales, políticas e intelectuales.