Dos días después del alevoso 4-2 de Lisboa, el sorteo de los dieciseisavos vuelve a enfrentar al Madrid con el Benfica y cruza al Atlético con el Brujas

José Mourinho y Álvaro Arbeloa declararon el amor mutuo que se profesan tantas veces en los últimos días que prepararon el escenario de una tragedia romántica mientras se enfrentaban en la última jornada de la liguilla de la Champions. Este viernes el bombo de la UEFA decretó que la escandalosa derrota del Madrid en Lisboa (4-2) fue solo el primer capítulo de un drama del que no podrán salir bien parados sus dos queridos protagonistas. Madrid y Benfica volverán a abrazarse, esta vez a doble partido, ahora sin vuelta atrás, para dirimir el pase a octavos de final en el que sin duda será el cruce más sentimental, patético y terrible de los playoffs.

“El fútbol es muy cruel”, repetía Vicente del Bosque. Lo decía como quien advierte de un peligro: “el fútbol es muy cruel”. Como si rumiara una maraña de recuerdos amargos, de situaciones que se podrían haber evitado, tal vez, con un poco de prudencia. El viejo seleccionador, sabio a la fuerza, parecía alertar contra la tentación de provocar a un monstro que de todas maneras, de algún modo misterioso, vendrá a cobrar su libra de carne. No se puede decir que Mourinho no aprendiera la lección de la hubris después de convertirse en el entrenador más popular del mundo para luego a partir de 2012 fracasar sucesivamente en el Madrid, el Chelsea, el United, el Tottenham, la Roma y el Fenerbace. Un ciclo negro que le llevó al paro y le hizo llorar en público, víctima de su adicción a la adrenalina, una necesidad angustiante de volver, decía, a ponerse las botas y dirigir a 22 “chicos” en un campo de hierba.