Los tokens ligados a este activo están canalizando la búsqueda de refugio de los inversores ante la debilidad del dólar. Gigantes del sector como Tether viran sus inversiones hacia el metal
En la que tenía que ser una época dorada para bitcoin, lo único que ha brillado es el oro. La criptomoneda, que algunos consideran la versión digital del metal precioso, ha incumplido su promesa y queda estancada, mientras el oro pulveriza récords. La onza ha superado la cota de los 5.000 dólares por primera vez, en pleno auge de los activos refugio ante las tensiones geopolíticas y la debilidad del dólar, que ya no es visto como un puerto seguro. Los inversores dan la espalda a los activos digitales pero no a todos. La fiebre del oro ha llegado a las criptos y al mercado de stablecoins: algunas, de hecho, están respaldadas por el metal precioso y cotizan siguiendo sus movimientos.
Una operativa con la que canalizan la demanda de los activos refugio y sostienen el hambre por los lingotes. A la vez, sus emisores las acumulan en sus reservas y buscan vías para conservar (y ensanchar) sus ganancias millonarias. Tether es un ejemplo: en la inversión en oro ha encontrado un pozo sin fondo y ya atesora unos 24.000 millones de dólares.








