La presidenta de Madrid y otras autoridades celebran en la Almudena un funeral por los fallecidos rodeado de polémica
La nave central de La Almudena estaba llena y algunos curiosos se asomaban por las puertas laterales. El olor a incienso inundaba la catedral y las beatas y los cofrades llenaban las primeras bancas cuando el arzobispo de Madrid, José Cobo, un cardenal nombrado en su día por el Papa Francisco, se cuestionó dónde estaba Dios el domingo 18 de enero, cuando un accidente de tren le costó la vida a 45 personas:“Surge esa pregunta inevitable, pero Dios no es el causante del mal ni de la muerte. Dios no desea la destrucción ni se complace...
en el sufrimiento humano. El milagro que experimentamos es que Él se queda y lo atraviesa sufriéndolo, pasando por aquellos vagones, ayudando, llorando, sosteniendo”.
En las primeras filas escuchaban sus palabras algunos familiares de las víctimas, una mujer sorda y ciega a la que le dibujaban en la mano lo que estaba ocurriendo y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La misa que se ha celebrado en Madrid ha sido solemne y emocionante, pero costaba no pensar en la que se estaba celebrando en paralelo en Huelva, Andalucía, donde ocurrió el accidente. Allí estaban los Reyes de España, ministros del Gobierno de España, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y otras muchas autoridades.






