Azcón ha optado por buscar a empresas privadas para algunas especialidades en zonas despobladas de Huesca y Teruel. Alegría promete que la cita del médico de cabecera no tarde más de tres días
Elena Domínguez reside en Sarsamarcuello, una población de unos 60 habitantes situada a 31 kilómetros de Huesca. Un día, con su hijo a 39,5 de fiebre, lo metió en el coche y se fue de urgencias al Hospital de Huesca para que le echaran un ojo. Cuando llegó, le dijeron que aquello no era una cuestión de urgencias y que quien debía atender al niño era su pediatra. El problema es que su pediatra visita el pueblo una vez al mes y la fiebre no acertó con el día. Este miércoles, Domínguez conversaba con una conocida, Teresa García, que también cuestiona el servicio público de salud: “Pedí en septiembre una mamografía y aún estoy esperando”. Según el último barómetro del CIS sobre las elecciones de Aragón, la sanidad es el segundo mayor problema de los aragoneses.
Domínguez y García charlaban a 50 metros del centro de salud de Ayerbe, un municipio que hace dos años salió a la calle para protestar porque uno de sus médicos se jubiló y el Gobierno aragonés no lo sustituía. Sigue sin hacerlo. Hoy, el servicio lo cubren dos médicos fijos y otros dos rotatorios. Se encargan del millar de habitantes de Ayerbe y de los de muchos otros municipios de la comarca de la Hoya de Huesca (adonde acuden en muchos casos), además de asumir el servicio de urgencias que opera las 24 horas en Ayerbe, en el que sí participa otro médico adicional. Coinciden Domínguez y García en que el sistema falla y que fallaría todavía más si no fuera por el sobreesfuerzo vocacional que realizan los sanitarios.






