Azcón recrudece sus mensajes contra la Generalitat, que abarcan financiación, trenes y patrimonio, explotando unos recelos con arraigo histórico
Escondido ya el sol de la tarde, el frío no se anda con chiquitas junto al monasterio de Santa María, a las afueras de Villanueva de Sijena, un pueblito de unos 340 habitantes en la comarca de Los Monegros, en Huesca. Sin embargo, Alfonso Salillas, de 65 años, no se inmuta ante la rasca. Y lo que parece mantenerlo caliente, más que la chaqueta forrada de borreguillo, es la pasión con la que defiende el regreso a Aragón de las pinturas de Sijena, un tesoro artístico local actualmente expuesto en el Museu Nacional d’Art de Catalunya.
Tras un incendio en el convento atribuido a milicianos y que dejó las pinturas a la intemperie en 1936, un historiador catalán, Josep Gudiol, las arrancó de sus paredes con la técnica del strappo, separando solo la capa superficial, y las trasladó a Barcelona. Para los defensores de la operación, las salvó. Para los detractores, privó a Aragón de una joya de su patrimonio. 90 años después, allí siguen las pinturas, en la capital catalana, para indignación de Salillas, que lleva tres décadas embarcado en un empeño: traerlas de vuelta a Aragón.






