Los presidentes ejecutivos de Apple, OpenAI y Anthropic tratan de distanciarse de la tensión política tras las muertes provocadas por agentes migratorios
TikTok anunció el pasado viernes que su red social en EE UU pasaba a ser una nueva empresa formada entre la china original, Bytedance, y una mayoría de socios estadounidenses. Algunos de esos socios eran aliados del presidente Donald Trump, entre ellos Larry Ellison, fundador de Oracle. Uno de los puntos del acuerdo dice que la nueva sociedad “volverá a entrenar y actualizar el algoritmo de recomendación de contenidos” de TikTok. Un día después, la policía migratoria estadounidense, conocida por sus siglas de ICE, mataba en Minneapolis al enfermero Alex Pretti.
El resultado de conjugar ambos hechos ha creado una ola de sospechas más o menos razonables sobre la libertad de expresión y el poder de las grandes plataformas digitales para dictar qué se ve y qué no, qué se puede decir y qué no. Primero, algunos usuarios mostraron dudas al tener que aceptar unos términos de servicio del nuevo TikTok que incluían detalles sobre geolocalización, inmigración o estatus de ciudadanía. Nada que fuera muy distinto del TikTok anterior, pero el contexto sí era otro. Segundo, desde el lunes, docenas de usuarios empezaron a compartir pantallazos de TikTok donde vídeos sobre ICE o Minnesota tenían cero visualizaciones. Nadie los estaba viendo.








