Los desalojos están motivados por el desembalse del pantano ubicado en el cauce del río Guadarranque
Hoy no habrá almuerzos en el restaurante El Guadarnés de La Estación de San Roque, una pedanía de San Roque (Cádiz). Luis Miguel Laza, dueño del establecimiento, está llamando ya a todas las reservas para comunicárselo. Pero eso es lo de menos, la mayor preocupación del hostelero es que el agua del crecido río Guadarranque no invada las casas de sus vecinos ni su propio local. “Están cortando y evacuando, todo lleno de policías y guardias. A mí me han dejado pasar a mi restaurante porque les he dicho que era el dueño y quería inspeccionar si todo estaba bien”, explica el gaditano al otro lado del teléfono. En su camino en coche, ha podido ver cómo esos agentes iban desalojando a parte de las 250 familias que viven en las zonas más cercanas al cauce.
El origen de la crecida, más allá de los temporales Joseph y Kristin que desde el domingo han sembrado la provincia de Cádiz de incidencias, está unos kilómetros río arriba. El pantano Guadarranque estaba tan lleno tras las últimas lluvias que era necesario iniciar un desembalse controlado. Y cuando eso ocurre, como también sucedió el pasado 5 de enero con la borrasca Francis, el desalojo preventivo de las familias más cercanas al cauce es una consecuencia casi inmediata. Pasadas las 22.00 horas, el consejero de presidencia y Emergencias, Antonio Sanz, alertó de que es justo lo que iba a suceder a partir de ese momento en dos diseminados de San Roque, Guadarranque y La Estación.






