Desde Aznar para acá, los líderes sucesivos del PP se hacen la misma pregunta ante una tragedia: ¿a quién beneficiará?

Se da la circunstancia de que estuve allí. El 28 de mayo de 2003, en la base aérea de Torrejón, durante el funeral de Estado por los 62 soldados muertos en el accidente del Yak 42; y también un año después, el 17 de mayo de 2004, en Estambul, cuando los familiares de 30 de aquellos militares tuvieron que viajar a Turquía para hacerse pruebas de ADN. ¿Qué sucedió entonces y por qué lo recuerdo ahora? La razón es un tuit de 30 segundos, multiplicado hasta el infinito por las redes sociales, de la comparecencia que ofreció el lunes el vicesecretario del PP Juan Bravo, un hombre de 51 años, de profesión inspector de Hacienda, exconsejero del gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla y un político que —según informaciones de este propio periódico— es “moderado en las formas”. Pues bien, Bravo El Moderado se subió al atril de la calle Génova y leyó un papel en el que, entre otras cosas, había escrito lo siguiente:

“La diócesis de Huelva celebrará el jueves una misa funeral en la Catedral, a la que acudirá el presidente Feijóo. El dolor de las familias no puede agravarse ni puede aumentarse con la presencia de Óscar Puente en ese funeral. Su permanencia es un insulto a las víctimas, pero verle en Huelva sería una provocación”.