Se han quebrado la confianza transatlántica, el orden mundial basado en reglas y la hegemonía estadounidense; puede ser la ocasión de construir una soberanía europea
Cuando se escriba la historia del segundo cuarto del siglo XXI, la edición del Foro Económico de Davos de 2026 se recordará como la de la ruptura. La ruptura de la confianza de la relación transatlántica, el quiebro de un orden multilateral global basado en reglas, el fin de la ilusión de la hegemonía estadounidense.
Para Europa, el episodio de Groenlandia ha traspasado una línea roja. Hemos vivido conflictos comerciales y políticos en el pasado, guerras Airbus-Boeing, la división tras la invasión de Iraq o, antes aún, el conflicto del canal de Suez; pero nunca hemos asistido a la amenaza de EE UU de violar la integridad territorial de uno de sus aliados en la OTAN. Nunca. Y esto mientras Rusia invade Ucrania, infringe la soberanía y cuestiona la existencia misma de otro país europeo. Rusia al este, EE UU al oeste. Y menos aún cuando todos los aliados de la OTAN comparten la importancia del Ártico para la seguridad de la alianza y han mostrado su disponibilidad para aumentar inversiones y protección de la región. Ante la gravedad de la situación, Europa se ha visto obligada a renunciar a la estrategia de apaciguamiento que tan pocos resultados le ha dado hasta ahora, y a mostrar firmeza, incluyendo la amenaza de usar el instrumento anticoerción inicialmente pensado para defendernos de China. Y es que, o Europa muestra firmeza, o se convierte en vasallo de EE UU. No son posibles las medias tintas.







