Conciliar los cuidados de tres hijos nunca es fácil. Pero en casa de Terry Gragera cada día es un desafío aún mayor: cuidar de su hija, adoptada de bebé con una dependencia total, mientras intentan no descuidar al resto

Claudia llegó a la vida de la periodista Terry Gragera y de su familia con apenas 23 días de vida. Hasta entonces, su mundo se había reducido a los olores metálicos y al zumbido constante de las máquinas de la UCI del hospital en el que había nacido. Llegaba con un puñado de palabras difíciles: síndrome de down, cardiopatía congénita, prematuridad, bajo peso y distintos problemas asociados con la sal...

ud cuyos nombres cuesta pronunciar. “Claudia era una bebé extremadamente pequeña y frágil. No respiraba por sí sola, comía a través de sonda y estaba llena de cables”, cuenta.

La situación de la bebé era muy delicada porque los médicos no conseguían sacarla adelante: no cogía peso y tenía muchas dificultades. Por eso solicitaron a la Administración la ayuda de alguna familia que se hiciera cargo de ella. Ahí entraron Terry y su familia. “Desde el día que nos la entregaron hicimos el Método Madre Canguro prácticamente toda la jornada, le hablábamos, acariciábamos, cantábamos... De ese modo, ella se sentía acompañada y amada”, recuerda la periodista. A los pocos días, Claudia abrió los ojos por primera vez y pudo dejar el respirador mucho antes de lo previsto. Después, le enseñaron a comer por boca: “Era como alimentar a un pajarillo”.