Stanislav Karabinenko posa en Odesa. EFE/Marcel Gascón
Marcel Gascón |
Odesa (Ucrania) (EFE).- Un grafiti en la persiana de una tienda del centro de Kiev recuerda la realidad de la guerra a quienes vuelven a casa después de apurar hasta poco antes de la medianoche, cuando empieza el toque de queda, bebiendo y hablando en los bares: «¡Al frente vamos a ir todos!».
Sin progresos decisivos en las negociaciones de paz que impulsa EE.UU., y con el presidente Donald Trump centrando su atención en otros lugares del mundo, el conflicto no tiene perspectivas de terminar, lo que pone a millones de varones ucranianos ante dilemas personales trascendentales.
Todos los hombres ucranianos de entre 25 y 60 años están obligados a presentarse ante las autoridades militares para que éstas determinen si son aptos para ir a la guerra, de manera que puedan ser llamados a combatir si se les requiere.








