Visitar un museo a puerta cerrada o desplazarse en helicóptero son peticiones del turista que no mira el dinero, pero siempre hay caprichos sorpresa

Irse de tapas por Madrid acompañado de un familiar del Rey puede costar alrededor de 1.000 euros. No hay nombres propios, ni fotografías, ni publicidad posible: la identidad del Borbón se mantiene en secreto y la experiencia se vende como un acceso excepcional, casi irrepetible, a imitación de la que se oferta en Londres en forma de tomarse un té con alguien de la Casa Real británica. Más que una excentricidad aislada, la propuesta ilustra hasta dónde está dispuesto a llegar un tipo de visitante que busca conocer la ciudad desde lugares y compañías que no están al alcance del común de los turistas. Es el mismo perfil que empieza a abrirse paso en Madrid. El peso de este turismo de lujo se percibe también en las cifras: “El gasto medio por turista de lujo en Madrid es 1.190 euros, un 13% más respecto al año anterior”, según datos de Global Blue para Círculo Fortuny.

Más allá de la plaza Mayor y su clásico bocadillo de calamares o las cada vez más populares azoteas con vistas a la Gran Vía, un número creciente de visitantes está dispuesto a pagar lo que sea por experiencias exclusivas: sobrevolar la ciudad en helicóptero, recorrer El Escorial con acceso a zonas restringidas o visitar a solas el Museo del Prado. Estas propuestas, diseñadas para un visitante de altísimo poder adquisitivo, dibujan un perfil de viajero muy distinto al turismo de masas.