El número dos, acalambrado y entre mareos, salva una situación límite ante Spizzirri gracias a la interrupción del juego por la elevada temperatura en Melbourne

Se avecinaba y llegó. Como Carlos Alcaraz: a su manera. El calor abraza este sábado a Melbourne desde primera hora y estruja la musculatura de Jannik Sinner, el fenómeno de las montañas que además del murciano, ha encontrado en la temperatura otro serio adversario. No es nueva la escena, verle como encalla, se agarrota, cojea y las pasa canutas. “No sé qué hacer…”, transmite a los miembros de su equipo cuando se acerca al colapso y Eliot Spizzirri le aprieta, sabedor de que las piernas del número dos no dan más de sí. Interviene, sin embargo, una regla salvadora para él. Con nombre y apellidos: Heat Extreme Policy.

“Me han pasado muchas cosas por la cabeza, no podía moverme”, admite a pie de pista. “He sufrido mucho”. Y tanto. Porque de no ser por la aplicación de la normativa en el tercer parcial, cuando cuádriceps y gemelos se le habían bloqueado y los 38 grados que han envuelto la ciudad le aprisionaban, el desenlace bien podía haber sido muy distinto. Hasta ahí, un infierno para él, expuesto al abismo; más o menos a merced del norteamericano, a lo suyo este. Sin embargo, el juez detiene el partido porque así lo exige la reglamentación, la escala: índice de 5 sobre 5. Y todo cambia. Sinner sigue en pie: 4-6, 6-3, 6-4 y 6-4, tras 3h 45m.