La oposición denuncia que el centro es público pero tiene privatizado el servicio de suministro de alimentos con un presupuesto de menos de siete euros al día para las cuatro comidas

Marcelo M., de 68 años, vive a base de agua, café y tabaco desde hace 16 días. La razón, explica, es muy clara: no le ha quedado otra que declararse en huelga de hambre para protestar por el estado de la comida de la residencia pública de mayores de Colmenar Viejo, un centro dependiente de la Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS) de la Comunidad de Madrid. “La comida es incomestible. No es que esté mala un día: es así todos los días”, resume, con la voz cansada pero firme.

Marcelo llegó a esta residencia hace alrededor de un año y medio, tras pasar por otros centros públicos de Madrid. Eligió Colmenar Viejo por un motivo concreto: las habitaciones son individuales. “En las otras tenía que compartir. Aquí, al menos, tengo mi espacio”, explica. Está jubilado por una discapacidad reconocida del 36%, consecuencia de varias operaciones de columna, tanto cervicales como lumbares. “Llegó un momento en que la vida fuera era imposible de sostener. O la residencia o la calle”, cuenta.

La decisión de dejar de comer no fue improvisada. “La tomé antes de Navidad”, relata. Durante las semanas previas se preparó físicamente, comiendo mejor y, siempre que podía, fuera del centro. En su habitación tiene una pequeña nevera donde guardaba comida propia. “Sabía que esto no se hace de un día para otro”, explica. Tras las fiestas, cuando el centro retomó el menú habitual, comenzó la huelga.