Esta es la historia de cómo una bolsa de supermercado, que cuesta tres euros, logró colarse en la lista de accesorios aspiracionales

“En Manhattan es muy común verla, por Nomad, Tribeca, Chelsea, Gramercy Park... La llevan gente de las finanzas, del diseño, de la tecnología… Objeto de deseo o no, es comodísima, muy práctica, y comprar en Trader Joe’s ya es una declaración en sí misma: en estas tiendas todo gira en torno a la comunidad, la diversidad, el personal divertido y amable… La calidad de la comida es brutal (todo marca blanca) y el precio no es exorbitado (como en

rack-dtm="">Whole Foods)”. Barak Alberro, arquitecto afincado en Nueva York, resume para S Moda la clave del asunto: la bolsa del supermercado Trader Joe’s, convertida en chincheta emocional de quienes aspiran a un trocito del sueño neoyorquino, que ahora también aflora en las calles del barrio madrileño de Salamanca, el londinense Chelsea o el tokiota Shimokitazawa, a miles de kilómetros de uno de sus locales.

La historia de la bolsa empieza mucho antes de Instagram. Trader Joe’s lanzó sus primeras bolsas reutilizables de lona en 1977, en plena crisis del petróleo y con una creciente conciencia medioambiental en Estados Unidos. La cadena, fundada en California en 1967 por Joe Coulombe como alternativa a los 7-Eleven, apostó desde el inicio por productos propios, precios ajustados y una estética deliberadamente artesanal. La bolsa era funcional, resistente y barata. Durante décadas fue solo eso: una bolsa de la compra. Hasta que ha dejado de ser solo eso.