El debut del grupo liderado por Alex Turner, ‘Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not’, volvió a llevar el rock británico a lo más alto, pero, antes de su publicación, ya era un fenómeno secreto en internet

Antes de que la palabra viral se emplease para describir fenómenos de gran alcance en redes, Arctic Monkeys lo fueron sin saberlo. Como tantos otros conjuntos de rock primerizos y entusiastas, la banda de Sheffield (Yorkshire del Sur, Reino Unido) formada en 2002 siguió la estrategia común en la época: tocar en bares, grabar maquetas y dárselas a quien pillasen, sin un plan específico. Poco a poco, cuando el cantante Alex Turner y los suyos apenas superaban la mayoría de edad, se fueron encontrando extrañamente llenos los locales donde actuaban, con desconocidos coreando al dedillo Fake Tales Of San Francisco o When The Sun Goes Down. “El otro día alguien nos dijo: ‘He mirado vuestro perfil en MySpace’. Yo no tenía ni idea de lo que era MySpace”, explicaba Matt Helders, batería, a Prefix Magazine. “No sabemos ni siquiera cómo subir canciones a internet”.

Pese al número limitado de cedés caseros de los que disponían, las demos de Arctic Monkeys dieron la vuelta al mundo gracias a seguidores que, sencillamente, las compartían porque les gustaban. Un boca a boca increíble y difícilmente premeditado que culminó con la banda estrenando el primer sencillo de su carrera, I Bet You Look Good On The Dancefloor, directamente en el número 1 de los más escuchados del Reino Unido. De la mano del sello independiente Domino, al que el grupo se mantiene todavía fiel, el 23 de enero de 2006, hace ahora 20 años, Arctic Monkeys batió el récord del álbum debut de un grupo más rápidamente vendido en menos tiempo, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, con más de 360.000 copias en su primera semana y el formato físico en pleno declive.