ADN antiguo recuperado de la tibia de un cazador reescribe el origen del patógeno
En la sabana de Bogotá (al sur de la capital colombiana), en un refugio rocoso, encontraron en la década de los setenta del siglo pasado los restos de un hombre de unos 40 años. Formaba parte de un grupo de cazadores recolectores de no más de 20 personas. La datación por radiocarbono indica que vivió en la región hace cinco milenios y medio. De entre sus restos, conservados en el Museo Nacional de Colombia, un grupo de investigadores obtuvo recientemente la autorización para quitarle una pequeña porción de la tibia de una de sus piernas. Al pulverizarla para obtener su
er-humano.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/ciencia/2022-09-21/como-el-adn-prehistorico-ayuda-a-descifrar-los-secretos-de-la-evolucion-del-ser-humano.html" data-link-track-dtm="">material genético, descubrieron que el 0,0019% no era humano, sino que pertenecía a la Treponema pallidum, una bacteria que está detrás de cuatro enfermedades: pinta, bejel, pian y la más conocida, sífilis. El hallazgo ayuda a conocer el origen del misterioso patógeno.
“No la buscábamos, la encontramos, fue un hallazgo algo fortuito”, dice Miguel Delgado, antropólogo de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) y coautor de esta investigación, publicada en Science. El estudio genético de este individuo, llamado TE1-3, detalla el ADN más antiguo obtenido de la T. pallidum hasta la fecha. El hallazgo es aún más relevante porque las treponematosis, término usado para englobar las enfermedades que provocan las distintas subespecies de la bacteria, suelen dejar marcas indelebles en los afectados, en particular en el cráneo y los dientes, pero también en los huesos. Sin embargo, TE1-3 no tiene manifestaciones externas de la infección.







