Europa debe levantar la bandera de la libertad individual frente al entusiasmo de los emperadores

Recordando a mi maestro Enrique Tierno Galván, en el 40º aniversario de su muerte. ...

La mente, de alguna forma, lo determina casi todo. No podemos elegir nuestras neuronas, pero en buena medida sí decidimos cómo se van a comportar; y, para que sus potenciales capacidades se manifiesten, no tenemos más remedio que alimentarnos constantemente con información y sensaciones plurales: muchas imperceptibles, otras muy tóxicas; sin embargo, todas se acumulan y se consolidan en nuestro interior y, a partir de ellas, pensamos y escogemos los medios y los fines para vivir libre-mente como humanos, cada uno a nuestro modo.

Lo que quiero decir es que la libertad en abstracto no existe.

Cuando la Constitución dice libertad, se está refiriendo a la libertad en concreto, a la autonomía personal, a la capacidad de pensar y ejecutar lo que se piensa, de elegir, de ir y venir, de hablar o callar, de vivir o morir, porque, al igual que la velocidad es el resultado del funcionamiento del motor de un coche, la libertad, así entendida, es el resultado del funcionamiento de nuestra mente, el producto de un complicado proceso en el que cientos de millones de neuronas conectadas y culturalmente alimentadas, y algo más, producen las decisiones y actuaciones.