Europa aún es una potencia en fútbol, un ‘soft power’: imaginen un plantón de las selecciones

La verdad, te levantas cada día con un susto. Con Trump es todo al revés, si a otros presidentes los criticamos por no hablar con la prensa, con él estamos deseando que se pase al plasma y pase una semana sin decir tonterías. Al menos podríamos negociar que cambie el huso horario, así el disparate del día nos pillaría a la hora del vinito antes de cenar, cuando relativizas todo. Pero ...

recién despertado tiene un efecto deletéreo sobre tus escasas ganas de levantarte. Ya enciendes la radio acojonado y dudas si descender de la cama, como si fueras a poner el pie en un planeta hostil. Según escuchas que piensa atacar otro país metes la cabeza bajo la almohada. Yo podría decir ahora, como algo sabido, que va a invadir Trinidad y Tobago y ustedes se lo creerían, simplemente pensarían que no se habían enterado porque ayer tenían médico o yoga y apagaron el móvil.

No sé si cuando lean esto habrá ocupado Groenlandia, pero tengo una humilde propuesta. De entrada, rendirnos, qué se le va a hacer, pero este verano no vamos al Mundial de fútbol de EE UU. ¿A que no hay lo que hay que tener? Mejor no respondan todavía, intuyo la respuesta (no, no lo hay, tampoco para esto, solo para rendirse). Imaginen un plantón de los 16 equipos europeos, el grupo más numeroso. En el fútbol aún somos una potencia, un soft power. Algunos partidos iniciales se disputan en Canadá y México. Se podría jugar solo allí y luego largarse. Y si esto sigue así, no acudir a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.