El número uno bate al jugador local por 6-3, 7-6(2) y 6-2 (en 2h 05m) y se medirá el miércoles con Hanfmann

Ahí está él, el chico de los yogures proteínicos. Rostros y más rostros de Carlos Alcaraz en el tránsito de los tranvías, que exhiben por todo Melbourne el busto definido del tenista: coman-coman, que lucirán así de cachas, viene a decir el anuncio en el preámbulo del estreno de este domingo en la Rod Laver Arena, sin susto ni contratiempo alguno: 6-3, 7-6(2) y 6-2 (en 2h 05m). Es decir, una puesta de largo aseadita, bien controlada y sin contratiempos, más o menos a pedir de boca teniendo en cuenta que en el tenis, ayer, hoy y mañana, sortear el engorroso listón del primer día siempre cuesta, incluso a los mejores. Asoman siempre esos nervios traicioneros, te llames como te llames, pero hasta aquí, Alcaraz parece dominarlo como pocos. Él y los debuts, signo permanente de garantía.

Colabora, por supuesto, el contexto amable de esta presentación, en la que el local Adam Walton hace lo que puede al otro lado de la red. De 26 años, 79º del mundo y, para qué engañarse, jugador del montón. Se revuelve y cumple, pero su tenis llega adonde llega; esto es, para rebatir lo justo y proponer un oportuno ejercicio de rodaje al número uno, que en la próxima escala se encontrará con el alemán Yannick Hanfmann (102º) y vuelve a demostrar su fiabilidad cuando la acción arranca. Pese a que todavía le queda casi toda una carrera por delante, nunca ha pinchado en una ronda inicial. Y ojo, porque no es poco. No pueden decir lo mismo Novak Djokovic (dos veces), Rafael Nadal (tres) o Roger Federer, en sus primeros años atragantado.