Los ojos y las dudas se vuelcan sobre el poderoso ministro del Interior, capaz de hacer saltar por los aires la nueva era post-Maduro
Una sombra recorre desde el pasado 3 de enero los despachos, cuarteles, embajadas y mentideros de Caracas. También los de Washington. Es la sombra de un hombre al que muchos temen y de quien depende que la nueva Venezuela no descarrile en un escenario de caos desatado por fuerzas armadas paralelas y lealtades heridas. Diosdado Cabello, el militar que encarna el ala más dura del chavismo, es la gran incógnita de esta etapa inédita en la que el régimen dialoga, como nunca antes, con Washington.
Su figura concentra ahora todas las miradas. Y todas las dudas. Para algunos, es la mayor amenaza para el liderazgo de la nueva presidenta Delcy Rodríguez, el actor capaz de hacer saltar por los aires el frágil equilibrio actual en cualquier momento. Para otros, es la garantía silenciosa de que ese giro inesperado no se habría producido sin su consentimiento. Diosdado, apodado durante una época “Diostodo”, podría ser ambas cosas.
Desde hace dos semanas, analistas, diplomáticos, servicios de inteligencia y los propios venezolanos intentan descifrar qué pasa por la cabeza de Cabello cuando aparece en actos públicos junto a Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, los nuevos líderes de la Venezuela sin Maduro. Su control sobre el aparato de seguridad y las milicias armadas alimenta en Washington el temor de que pueda volverse impredecible o poner en riesgo los planes de transición, según ha informado Reuters citando a varias fuentes estadounidenses. Incluso aunque, por ahora, ha evitado una escalada violenta. “Tiene muy claro que no tiene capacidad de sobrevivir sin el consentimiento de los estadounidenses”, dijo a la agencia una fuente cercana al Gobierno venezolano. “Ya está reformando las fuerzas armadas, destituyendo personal y nombrando nuevos oficiales”.






