Veteranos de los Trinitarios saltan al crimen organizado con robos de extrema violencia. Estudiosos del fenómeno inciden en la necesidad de medidas sociales preventivas
Walter Yasmani F., un líder histórico de los Trinitarios de Cataluña conocido como Pukita, volvió a verse esposado y sentado en un coche policial el dos de diciembre. A sus 35 años, con antecedentes por lesiones, tráfico de drogas o estafas, había hecho de la pandilla una forma de vida. Ya fue condenado a nueve años de prisión por mandar “hacer la X” en la espalda a un antiguo miembro que empezó a verse con miembros de una banda rival, la Mara Salvatrucha en el 2012. “Da gracias que te hemos marcado y no te hemos matado”, dijeron sus soldados a la víctima después de hacerle una salvajada que requirió 83 grapas de sutura. Ahora, Pukita vuelve a estar investigado por dirigir, junto a otro veterano de la banda llegado de EE UU, un grupo que cometía robos con extrema violencia, especialmente a latinos que salían de fiesta en la provincia de Barcelona, y que estaban empezando a recibir encargos propios de sicarios, como palizas. El tempor a que fueran más allá detonó la actuación.
La Policía ha constatado en esta investigación un fenómeno que ya preveían. Las denominadas bandas juveniles, que en su día también se llamaron bandas latinas, han pasado de la violencia juvenil, la lucha por el territorio o los enfrentamientos a machetazos con quienes consideran rivales, al crimen organizado. Ya no es solo cosa de adolescentes que venden pequeñas dosis de droga o cometen robos en los parques. En la Comisaría General de Información de la Policía, que asume los casos de mayor relevancia, venían observando que estos grupos se financiaban mediante estafas con nuevas tecnologías o tráfico de drogas, pero se ha dado una nueva vuelta de tuerca. Los delitos de sangre. Estudiosos de este fenómeno constatan que las bandas empiezan a llamar la atención a chicos cada vez más jóvenes, de 12 y 14 años, y frente a las soluciones policiales y punitivas, reclaman un enfoque social que los aleje de la delincuencia.






