Doña Sofía, los Reyes y sus dos hijas han acudido al responso celebrado este sábado en la catedral ortodoxa de la capital y asistirán el lunes al funeral en Atenas
Tras ser velada en la intimidad de la Zarzuela, este lluvioso sábado han comenzado en Madrid los actos de despedida públicos de la princesa Irene de Grecia, fallecida el pasado jueves 15 de enero a los 83 años. Junto a ella estuvo en todo momento su hermana, la reina Sofía, quien días antes canceló su agenda para estar a su lado en sus últimos días de vida. Horas después de su muerte, se instaló en el palacio, donde Irene de Grecia se mudó en 1981 después de la muerte de su madre, una capilla ardiente privada para velar sus restos. La discreción marcó el que se convirtió en el primer homenaje póstumo a la princesa, desde hacía años afectada por un deterioro cognitivo, antes de comenzar con los velatorios públicos.
La reina Sofía, los reyes Felipe VI y Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía —que han viajado a Madrid desde Murcia y Lisboa, respectivamente— han llegado al mediodía a la catedral ortodoxa griega de San Andrés y San Demetrio, en la capital, para una misa funeral. Doña Sofía, que ha sido recibida con mensajes de ánimo y aplausos de los curiosos que se han acercado al lugar, ha entrado al templo del brazo de su nieta y heredera al trono. También han asistido al responso las infantas Elena y Cristina, dos de las sobrinas de la conocida como “tía Pecu”, por su peculiar vida —no quiso tener marido o hijos, lo que le permitió tener una libertad inusual para una mujer de su posición—. Irene de Grecia era un miembro de la Familia Real muy querido por todos ellos, que la recordaron como una persona “dedicada a ayudar a los más necesitados a través de sus proyectos solidarios” en la nota con la que comunicaron su fallecimiento.








