Más de tres millones de empleados podrían y preferirían desarrollar al menos parte de su jornada en casa, pero aún no lo hacen. Los expertos lo explican por la resistencia empresarial y una ley poco flexible
La emergencia climática empeora año a año. Entre las medidas obvias para intentar detener su avance está la reducción de emisiones derivadas del transporte, de vaciar los accesos a las ciudades donde se
/2025-04-02/madrid-df-ciencia-ficcion-urbana-y-despotismo-castizo.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/espana/madrid/2025-04-02/madrid-df-ciencia-ficcion-urbana-y-despotismo-castizo.html" data-link-track-dtm="">concentran los empleos: muchas personas tardan cada vez más en llegar al trabajo, dada la mayor densidad de puestos de empleo en esas ciudades, lo que se combina con una crisis mundial de acceso a la vivienda que obliga también a muchos a vivir cada vez más lejos de la oficina. Al mismo tiempo, las conexiones a internet son cada vez mejores y más procesos son automatizables.
Entonces, si cada vez es más factible trabajar desde casa, hay razones de peso para promocionar este modelo y los trabajadores son favorables a la experiencia, ¿por qué el teletrabajo no es hegemónico en las oficinas? En España teletrabaja al menos un día a la semana uno de cada seis empleados, un 15,4%, pero desde la pandemia, cuando el teletrabajo parecía que se iba a imponer sin marcha atrás, la cifra está estancada. En Europa ha pasado algo parecido, aunque la media está por encima de la española, en el 22,6%, con más teletrabajo en los países con economías más tecnológicas y de mayor valor añadido, con Países Bajos a la cabeza.






