Tras años de choques y rupturas, el chavismo busca recomponer relaciones con decenas de países
Hace apenas unas semanas, la escena habría sido impensable. El embajador alemán, Völker Pellet, estrechaba la mano del ministro del Interior, Diosdado Cabello, en el palacio presidencial de Miraflores. Un mes antes, Cabello, uno de los hombres fuertes del chavismo, había dedicado al diplomático alemán parte de su programa de televisión, donde suele ridiculizar y amenazar a quienes considera adversarios. Dijo haberlo visto “tranquilazo” por Caracas y mostró fotos de sus redes sociales paseando por el Waraira Repano, el cerro Ávila que domina la ciudad, para burlarse de la advertencia de Alemania sobre los riesgos de viajar a Venezuela en plena escalada con Washington. Hoy, ese mismo embajador es recibido oficialmente en el corazón del poder chavista.
Hace apenas un año, Venezuela expulsaba diplomáticos. Hoy, los recibe en el palacio presidencial. Algo se ha movido desde el ataque del 3 de enero y la captura de Nicolás Maduro. Después de años de relaciones rotas, acusaciones de injerencia y choques con medio mundo, el chavismo mira hacia fuera. “Venezuela se abre a un nuevo momento político, que permita el entendimiento desde la divergencia y desde la diversidad política ideológica”, dijo la nueva presidenta del país, Delcy Rodríguez.







