El expolítico socialista, fallecido a los 80 años, deja una legado imborrable en la ciudad. Fue también administrador de la Unión Europea en Mostar

Ricard Pérez Casado, que fue alcalde socialista de Valencia entre 1979 y finales de 1988, falleció este pasado lunes por la noche a los 80 años y ha sido incinerado este miércoles en una ceremonia íntima. Fue el segundo alcalde de la democracia, el alcalde de la Transición que modernizó y abrió la ciudad, en la que ha dejado una huella imborrable solo por haber sido el promotor político de la transformación del antiguo cauce del río Turia, en el que el franquismo había proyectado un enjambre de autovías, en un jardín urbano que ahora ocupa 10 kilómetros de largo y 200 metros de ancho para disfrute de toda la ciudadanía.

Fue, además, el impulsor del Palau de la Música y el Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad, entre otros proyectos. En 1996 fue nombrado por la Unión europea administrador de la ciudad de Mostar (Bosnia-Herzegovina) tras el conflicto en la antigua Yugoslavia.

Su visión cosmopolita a partir de la reivindicación del carácter mediterráneo de Valencia impregnó toda su acción política e intelectual. Fue un visionario en su concepción de la ciudad como un lugar abierto de convivencia, en el que la cultura y los espacios verdes eran claves en el desarrollo urbanístico, lo que chocó con determinados intereses empresariales y con las posturas más reaccionarias de una ciudad que despertaba del ominoso letargo de la dictadura y pretendía convertirse en un referente del arco mediterráneo. Su idea del municipalismo era compartida por su amigo y entonces alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall.