Las cifras de crecimiento que nos envidian fuera son difíciles de creer para quien empieza dentro porque no las viven en su día a día, en sus inicios vitales
Probemos a decirle a un treintañero que vive de alquiler en Madrid o Barcelona que le va tan bien como parece irle al país que habita. España cerró 2025 con un PIB un 2,9% más alto que el año anterior, el doble que la eurozona. En 2026 volveremos a batir al entorno. Pero a quien lleva ya una carrera con doble titulación, un par de másteres o prácticas no remuneradas en el cuerpo, ninguna ...
del todo “de lo suyo”, y ve cómo el piso que podía permitirse hace tres años ahora no, le costará creerlo. Como a la pareja que, sin estudios superiores, se ha atrevido a tener un hijo en el área metropolitana de Valencia y está pensándose el segundo. O a la madre que llegó hace un par de años a España con su pequeña a forjarse una nueva vida.
Las cifras de crecimiento que nos envidian fuera son difíciles de creer para quien empieza dentro porque no las viven en su día a día, en sus inicios vitales. Y el treintañero, la pareja, la madre recién llegada son exactamente eso: gente que empieza. España se está llenando de ellos. Muchos vienen de fuera: el saldo migratorio indica que sumamos unos dos millones de entradas netas entre 2022 y 2024; el 40% de la nueva afiliación es de trabajadores extranjeros. Otros se mueven dentro: en 2024 hubo 1,75 millones de cambios de municipio. Y, en general, tenemos a mucha gente entrando en la vida adulta: los nacidos durante el repunte demográfico de los años dosmil cumplirán entre 18 y 26 años en el año que ahora empieza.






