“Pa’ que nos pillen tienen que analizar el cubata”, se lee en Potensia, un grupo de WhatsApp administrado por uno de los dos denunciados por presunta violación en el proceso por el que Estrasburgo ha condenado a España. “Lo que quieres es reventarla a puñetazos, ¿no?“, le preguntó al otro detenido en un audio
Un investigado por sumisión química en el caso que le costó a España una condena del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) presumió, en un grupo de WhatsApp que administraba, de “jugar al límite de lo legal”. Al responder a otro miembro que le pedía que diera señales tras las detenciones de los condenados de La Manada en Pamplona, el investigado, llamado David y cuñado de un policía, dijo: “Yo no fuerzo. Solo un poco”. “Otro integrante del grupo se muestra tranquilo, en otro mensaje, al apuntar que para encontrar una prueba tendrían que analizarles el cubata.
El tribunal de Estrasburgo condenó el pasado otoño a España por no investigar realmente dos denuncias por presunta agresión sexual mediante sumisión química cometida en Pamplona en diciembre de 2016, cinco meses después de la violación del grupo de La Manada en los Sanfermines de ese año. “Está claro que nuestro caso quedó todo a la sombra de La Manada”, opina, nueve años después, Marina L., una de las dos denunciantes a las que el TEDH ha dado la razón frente a la balanza de la justicia española que se inclinó siempre del lado de la impunidad. “No me gusta que un caso sea que sí, y los otros que no. No somos víctimas de segunda”, añadió.






