El mundo sabiniano está ajado pero conserva su poder de fascinación, gracias a unos seguidores que concluyen lo que habría podido ser la canción más hermosa del mundo
Es recomendable, incluso diría que indispensable: tiene el magnetismo de los proverbiales dos trenes en la misma vía, a punto de estrellarse. Me refiero a Hola y adiós, el especial de TVE sobre el concierto de despedida de Sabina celebrado en Madrid, el 20 de noviembre de 2025. Lo intenté varios días hasta que finalmente he conseguido visionar sus dos horas largas, superando reacciones que oscilaban entre el disfrute banal y la melancolía por lo que pudo ser y no fue.
Musicalmente, ningún problema: Joaquín siempre se esforzó en preparar los directos, mimando a excelentes instrumentistas y coristas, cuidando la escenografía. Incluso capitidisminuido, nunca ha dejado de complacer al público. Resulta perfectamente disculpable, por lo tanto, recurrir a esos tres teleprompters sobre el escenario, seguramente necesarios para hilvanar unas letras particularmente prolijas (y evitar los instantes en blanco). De alguna manera, también justifican su anunciada jubilación: no todos pueden ser Bob Dylan, octogenario todavía en la carretera.






