La llamada entre los dos mandatarios debilitó los argumentos de los candidatos presidenciales de la oposición, que cuestionaban el tono beligerante del líder de izquierdas
La derecha colombiana se complacía a inicios de esta semana de los supuestos errores de estrategia del presidente Gustavo Petro. Mientras Donald Trump amenazaba con una operación militar para derrocarlo, el mandatario de izquierdas escalaba aún más la tensión y alarmaba a gran parte del electorado: afirmaba estar listo para retomar las armas, compartía videos de soldados, proponía erigir un monumento de un jaguar como símbolo del antiimperialismo latinoamericano. Cada mensaje en X era una ocasión ideal para responderle que estaba llevando a Colombia al desastre, que no era capaz de manejar la diplomacia del país, y que ellos reencauzarían la relación con Estados Unidos cuando llegaran a la Presidencia. “Le vamos a quitar la consola a este niño y seremos el adulto responsable”, sentenció Juan Daniel Oviedo, candidato de la derecha. Hasta que el miércoles Petro consiguió una llamada con Trump. El norteamericano concluyó que había sido “un honor” hablar con él, lo invitó a la Casa Blanca y dinamitó uno de los caballos de batalla de la oposición.










