La petrolera española negocia con EE UU el cobro de la deuda por las sanciones a los activos de operadoras extranjeras decretados por Washington en marzo

Tras el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos, Repsol mantiene “la máxima prudencia” ante una situación que está abierta en canal y cuya fuente de información son las declaraciones (a veces cambiantes) de su presidente, Donald Trump. Este ha dejado claro, eso sí, cuál es el objetivo del golpe que ha asestado al país con las mayores reservas de hidrocarburos del mundo: que las petroleras norteamericanas se beneficien y tengan un acceso total a las mismas.

El problema, en este punto, es que aún no ha explicado cómo y cuándo lo hará y qué ocurrirá con las empresas europeas que trabajan en el país (las principales, Repsol y la italiana ENI) que, junto a la estatal venezolana, PDVSA, explotan uno de los mayores yacimientos de gas natural del mundo, La Perla. Las tres comparten para su explotación una sociedad mixta, que controla esta última, con más de un 35% del capital. El descubrimiento de La Perla, que hizo la propia Repsol en 2009, fue la excusa para que el expresidente venezolano Hugo Chávez realizara una primera (y sonora) visita a Madrid, donde fue recibido por el Rey Juan Carlos y el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.