El aficionado del Espanyol debe tener la conciencia tranquila: supo querer a Joan García, pero no pudo conservarlo

Pensé con indefinible nostalgia en el aficionado del Espanyol viendo a Joan García haciendo una de las mejores paradas que vieron nunca nuestros ojos (la mano imposible al cabezazo de Pere Milla) en su antiguo campo, frente a su antiguo equipo y ante su antigua afición, que lo amaba y ahora lo odia. Pensé también en el amor, claro: en tu ex luciendo una belleza desmesurada entrando en vuestro restaurante de siempr...

e del brazo de alguien que no eres tú. El dolor de tener algo y perderlo no es superior a un dolor aún más profundo: el de tener algo y no saber conservarlo.

Por eso el aficionado del Espanyol debe tener la conciencia tranquila: supo querer a Joan García, pero no pudo conservarlo. Se lo explicó Trump estos días a todo Cornellà: el que puede hacer algo que le beneficie, lo hace. Lo hace Estados Unidos, lo hace el Barcelona, lo hace el Madrid, lo hace el City y cualquiera que sea más grande que el otro. Puede uno confiar en su jugador, pero no mucho: el principal condicionante del fútbol es el tiempo. Es poco y además pasa, entre viajes y hoteles, en un suspiro. Un día estás en el campo y al otro estás en un estudio de radio o en un reality, donde te lo pidan.