“¡Hola, gais! Me llamo Magdalena y vivo en un pueblo. La verdad es que aquí no hay muchas cosas que hacer”. Con esta presentación se dio a conocer en redes y revolucionó el global mundo digital desde lo natural e hiperlocal. Quiere exponer sus obras en Extremadura, seguir creando contenido y apostar por las periferias: “Mi pueblo es divino, hacen cuatro fiestas de mierda, pero nos lo pasamos mejor que en un concierto de 200 euros. Nos gusta sentarnos en la sillita de plástico”

Magdalenita (Córdoba, 2001) está sentada en su cuarto, en la casa de sus padres, en un pueblo de Extremadura del que no quiere decir el nombre. Han pasado dos semanas desde que se hiciera las fotos para este reportaje y la imagen en la pantalla es muy diferente a la que capturó el fotógrafo Pablo Curto. Tiene la cara lavada, el pelo recogido, una sudadera negra y unos dientes que crecen de la visera que lleva en la cabeza y que se asoman por la frente. Es un diseño del pacense

l=en" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.instagram.com/karlomodenes/?hl=en" data-link-track-dtm="">Karlo Módenes, al que la artista lleva siguiendo desde hace años y con el que ha colaborado para algún que otro evento. Esa gorra, esos dientes, ese estampado de leopardo que está escondido bajo la capucha dicen mucho de ella antes de que diga nada. “Yo quería hacer el máster de profesorado, pero como en Bellas Artes está tan solicitado, fue imposible. Además, saqué superpoca nota al final de la carrera. Me pusieron un cinco en el TFG [Trabajo Fin de Grado]”, dice.