EE UU revela que no le interesa la democracia en Venezuela al permitir la continuidad del chavismo y despreciar a la oposición
Con el paso de las horas, empieza a estar claro que la captura de Nicolás Maduro en una operación militar de Estados Unidos no inaugura una nueva era para Venezuela; desnuda, más bien, una vieja lógica que Washington ha decidido ejercer sin pudor bajo el mando de Donald Trump. El mensaje que emana de las declaraciones de Marco Rubio y del propio Trump sobre la operación es brutalmente simple: entramos porque podemos, nos quedamos lo que nos convenga y decidimos quién manda según nuestros intereses. No hay defensa de la democracia, no hay relatos humanitarios, no hay siquiera el esfuerzo retórico de otras épocas. La violación de la soberanía venezolana para la explotación de sus recursos ya no se disfraza de excepción ni de mal menor. Se ejerce a cara descubierta.
Es la materialización del llamado corolario Trump a la Doctrina Monroe, una versión desacomplejada y autoritaria del viejo principio de tutela de América Latina por parte de Washington. El último documento de la Estrategia de Seguridad Nacional ya lo anticipaba, cuando apuntaba que Estados Unidos se reservaba el derecho de actuar unilateralmente cuando sus intereses estratégicos, que con Trump tienen que ver más con el petróleo que con el tráfico de drogas, lo exijan. Venezuela ha sido el escenario elegido para demostrar al mundo que ese giro no era retórico.






