La esposa de Nicolás Maduro, también capturada, trabajó en las sombras por la preservación de la hegemonía del chavismo
La espectacular captura del líder bolivariano y hombre fuerte de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos ha opacado, en alguna medida, el impacto que también tiene el arresto de Cilia Flores, su esposa. La primera dama o “primera combatiente” de la nación, de acuerdo a la narrativa oficial del Palacio de Miraflores.
Flores ha sido una de las dirigentes con mayor poder e influencia dentro de los círculos del poder en Venezuela, con una influencia fundamental en las decisiones del Gobierno chavista. También responsable algunas de las medidas más importantes que tomó el comando revolucionario en el poder, tanto para confrontar a la oposición como para administrar al país. Durante los 12 años de Gobierno de Maduro, Flores abandonó el perfil público que había tenido durante la gestión de Hugo Chávez y se replegó para trabajar desde las sombras en los sótanos del poder. Sus apariciones en estos años fueron eventuales, casi siempre tomada de la mano de Maduro.
Nacida en Tinaquillo, en el Estado Cojedes, en 1956, abogada de profesión, casada dos veces y con tres hijos, Flores entró a la política poco después del 4 de febrero de 1992, tiempo en el cual Hugo Chávez promovió un golpe militar contra la democracia venezolana de aquel entonces. Como otros activistas de extrema izquierda del momento, Flores fue a la cárcel de Yare para conocer personalmente a Chávez y ponerse a sus órdenes para llevar adelante la revolución bolivariana. Ahí conoció a Nicolás Maduro, con quien entablaría relaciones sentimentales tiempo después. Todos fundaron, en 1997, el Movimiento Quinta República, la primera expresión electoral del chavismo.










