Numerosos espacios celebran festivales y lecturas en público, convertidos en islas de encuentro y refugio colectivo

Buenos Aires es la ciudad con más librerías per capita de América Latina y comparte el podio mundial con Lisboa y Melbourne. Su alma lectora —representada como nadie por Jorge Luis Borges, el autor argentino más universal— excede esos templos de libros para expandirse por cafés, bares, centros culturales, museos e incluso adentrarse en las casas de escritores ...

que las abren a talleres, reuniones y festines literarios. Son islas de encuentro con el otro en un mar dominado por los discursos individualistas y los embates del presidente argentino, Javier Milei.

La tradición porteña de mezclar la pasión por el debate con el amor por la literatura tiene más de un siglo de vida, como recuerdan las paredes de lugares que albergaron tertulias históricas y siguen en pie. Es el caso del Café Tortoni, en la avenida de Mayo, inaugurado en 1858 y frecuentado en la década de 1920 por la poeta Alfonsina Storni y numerosos artistas e intelectuales; del 36 Billares, que se convirtió en un punto de encuentro entre Federico García Lorca y autores locales durante la visita del español a Buenos Aires en 1933; del London City, asociado a Julio Cortázar; y del café La Biela, que tantas charlas presenció entre Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares en los años 50.