El sabor de boca que ha dejado 2025 con sus guerras y su odio es el de una piña que lo tiene claro y que se empeña en liquidar a sus rivales
El 4 de diciembre las fuerzas de seguridad de Putin abatieron en Sebastopol, en Crimea, al comandante ruso Stanislav Orlov, al que llamaban Español. Era un tipo peculiar, había combatido en Donbás al inicio del conflicto en 2014, y cuando Moscú ordenó la invasión de Ucrania a gran escala en 2022 formó una brigada en la que reunió a fanáticos del fútbol de Rusia, pero también del resto de Europa. Juntó así a feroces hooligans que pusieron entre paréntesis los ...
colores de sus equipos y que se unieron con sus habituales enemigos, a los que odiaban en los estadios y a los que hubieron querido desde siempre pisotear como si fueran chinches, para combatir por una causa, la del ultranacionalismo ruso, que tenía el poder de hervir todo el resentimiento que llevaban acumulado en las entrañas y dirigirlo contra las gentes de Ucrania. La brigada se llama La Española y, en octubre, contó en las páginas de este periódico Javier G. Cuesta, la ordenaron cerrar “desde arriba”. No se sabe muy bien por qué liquidaron un poco después al jefe, a Español, se habla de que fue por sus vínculos con el crimen organizado. Esta pequeña historia sirve para despedirse de 2025 y para olfatear lo que puede venir este 2026 que acaba de empezar.







