Las autoridades reconocen el derecho a los cierres de comercio y manifestaciones que se han extendido por la mayor parte del país en cinco días, pero advierten contra las injerencias extranjeras
Las manifestaciones y cierres de comercios iniciadas el domingo contra la precaria situación económica en Irán se han esparcido por casi todo el país y se están recrudeciendo. La televisión estatal iraní ha informado de la muerte, la noche del miércoles, de un paramilitar que participaba en una fuerza habitualmente desplegada para reprimir manifestaciones. Se trata de la primera víctima mortal en el marco de unas protestas que empezaron objetando la inflación y la caída del rial iraní, fuertemente devaluado, y que han derivado en llamamientos al fin del régimen de la República Islámica.
El Gobierno iraní decretó el miércoles el cierre de 21 de las 31 provincias, incluyendo Teherán, al anunciar un día festivo con el pretexto de las bajas temperaturas en un intento de enfriar las mayores movilizaciones desde 2022, desencadenadas por la muerte bajo custodia policial de la joven Mahsa Amini. La decisión ha mantenido clausuradas las universidades, las oficinas gubernamentales y las empresas en buena parte del territorio nacional.













