El alemán se ha revelado como el entrenador ideal para una plantilla en construcción, el mejor portavoz del club, su embajador, el apagafuegos silencioso y el arquitecto emocional de una sociedad acostumbrada al ruido
Elegir al personaje del año en el mundo del fútbol resulta un ejercicio tan subjetivo que cualquiera puede conceder su propio premio sin miedo a equivocarse. Salvando todas las distancias, es algo parecido a lo que hace Jorge Mendes con los Globe Soccer Awards, solo que él se puede permitir mayor inversión, más focos, destinos más exóticos para la celebración de una gala y ningún pudor en premiarse a sí mismo. En estos terrenos siempre resbaladizos de los gustos personales, sin necesidad de jurado ni actas notariales,
23/el-metodo-hansi-flick-relanza-al-barcelona.html" data-link-track-dtm="">Hansi Flick aparece como una elección casi indiscutible, al menos para los culés.
Pocos se atreverán a negar que Flick ha logrado en tiempo récord algo que en Barcelona parecía imposible incluso a medio-largo plazo: poner de acuerdo a todo el mundo tras las salidas -siempre traumáticas- de los últimos héroes. No es la Cataluña actual una tierra de mayoría absolutas, ni falta que hace. Y tampoco se ha destacado el Barça, a lo largo de su historia, por aceptar a ninguna figura de consenso. Ni siquiera Messi o Guardiola, que siempre tuvieron dentro de casa a sus principales detractores.






