Este quizá acabe como el Siglo que Apaga las Luces. Ojalá en 2026 pasen cosas esperanzadoras, que vaya racha llevamos

Cuando uno vuelve al pasado aparecen fantasmas. En mi caso, al regresar a Italia aparecieron viejas y absurdas multas, les ahorro detalles. Hacienda no me había olvidado, es conmovedor que alguien te espere tanto tiempo. Pedí cita y fui a pagar y, como pasa en ocasiones con la administración en Italia, fue una experiencia prodigiosa, de las que te lleva a creer en el género humano, y por eso la cuento, tiene espíritu navideño. Había una máquina para el papelito del turno, que era como otras que ya he visto: funcionaba mal y tenía un señor al lado que te ayudaba. Era un empleado muy simpático, que fiel a un talento ancestral enseguida estableció complicidad conmigo. “A ver si conseguimos enga...

ñarla”, me dijo, refiriéndose a la máquina, poniéndose ya de mi parte sin conocerme de nada, como si nosotros, los humanos, fuéramos un equipo contra la despiadada tecnología. Trasteando y a golpes, sacó el número como un triunfo. Me pregunté, como otras veces, si tendría trabajo si la máquina funcionara, y si no sería él quien la saboteaba.

Fui a la ventanilla y expuse mi caso, complicadísimo, pero el hombre también se puso de mi parte y me dijo una frase ya familiar: “Yo no debería decirle esto, pero…”. Es entonces cuando te revelan un secreto para iniciados, un truco para burlar el sistema, ese sistema para el que trabajan. Antes que funcionarios, son seres humanos, y el Estado, otro ente despiadado. En este caso me explicó que en los presupuestos, que como siempre se aprobarán en el Parlamento in extremis el 31 de diciembre tras agónicas negociaciones, se ha colado una vez más la llamada rottamazione (desguace): se perdona en masa el recargo de viejas multas y deudas, y solo se paga el importe original. Me aconsejaba esperar al 1 de enero. Así que aguardo el año nuevo con ilusión infantil.